La vigilancia sobre el transporte pesado volvió a intensificarse en febrero con una nueva campaña coordinada en varios países europeos. En España, la Dirección General de Tráfico (DGT) desplegó un dispositivo especial entre el 9 y el 15 de febrero, en colaboración con la red policial Roadpol.
El balance ofrece una lectura matizada. Durante siete días se inspeccionaron 24.143 camiones y 5.502 conductores fueron denunciados por algún incumplimiento. La cifra mejora los registros de la campaña equivalente del año anterior, cuando se sancionó a 6.180 profesionales con un volumen de controles muy similar. También descendieron de forma notable las inmovilizaciones: 45 vehículos quedaron fuera de circulación por no reunir condiciones de seguridad, frente a los 95 del ejercicio previo.
Pese a esta evolución favorable, el patrón de infracciones apenas cambia. El núcleo del problema continúa siendo el incumplimiento de los tiempos de conducción y descanso, que concentró 2.878 denuncias, más de la mitad del total. Se trata de una obligación estructural en el marco jurídico del transporte por carretera, directamente vinculada a la prevención de la fatiga y a la seguridad vial.
A ello se añadieron:
El estado técnico de los vehículos volvió a situarse en el foco de los controles. Los agentes detectaron 703 camiones con deficiencias, principalmente en frenos, dirección o neumáticos. En paralelo, se formularon 429 denuncias por irregularidades en la carga —mala sujeción o exceso de peso— y 991 por problemas con la documentación obligatoria, ámbito donde confluyen tanto la responsabilidad del conductor como la de la empresa transportista.
En materia de seguridad vial estricta, los controles incluyeron pruebas de alcohol y drogas. El resultado fue:
Aunque estas cifras son menores en comparación con otras infracciones, su gravedad jurídica y su impacto potencial en la siniestralidad son especialmente relevantes.
En conjunto, la campaña confirma una tendencia descendente en sanciones e inmovilizaciones, pero también evidencia que el principal reto estructural del sector sigue siendo la correcta gestión de los tiempos de descanso. Un elemento clave no solo desde la perspectiva sancionadora, sino también en términos de responsabilidad empresarial, prevención de riesgos y protección del conjunto de usuarios de la vía.
El balance ofrece una lectura matizada. Durante siete días se inspeccionaron 24.143 camiones y 5.502 conductores fueron denunciados por algún incumplimiento. La cifra mejora los registros de la campaña equivalente del año anterior, cuando se sancionó a 6.180 profesionales con un volumen de controles muy similar. También descendieron de forma notable las inmovilizaciones: 45 vehículos quedaron fuera de circulación por no reunir condiciones de seguridad, frente a los 95 del ejercicio previo.
Pese a esta evolución favorable, el patrón de infracciones apenas cambia. El núcleo del problema continúa siendo el incumplimiento de los tiempos de conducción y descanso, que concentró 2.878 denuncias, más de la mitad del total. Se trata de una obligación estructural en el marco jurídico del transporte por carretera, directamente vinculada a la prevención de la fatiga y a la seguridad vial.
A ello se añadieron:
- 225 infracciones relacionadas con el tacógrafo, por uso incorrecto o manipulación de los registros.
En materia de seguridad vial estricta, los controles incluyeron pruebas de alcohol y drogas. El resultado fue:
- 57 positivos (12 en alcohol y 45 en otras sustancias).
- 451 sanciones por exceso de velocidad.
En conjunto, la campaña confirma una tendencia descendente en sanciones e inmovilizaciones, pero también evidencia que el principal reto estructural del sector sigue siendo la correcta gestión de los tiempos de descanso. Un elemento clave no solo desde la perspectiva sancionadora, sino también en términos de responsabilidad empresarial, prevención de riesgos y protección del conjunto de usuarios de la vía.


